La domadora más débil Vol. 01 – Cap. 05: ¡Me voy!

La domadora más débil Vol. 01 – Cap. 05: ¡Me voy!

Traducción: Fernan

Corrección: Ganzito


 

Capítulo 5: ¡Me voy!

 

ESTOS DÍAS, tenía cinco bolsas mágicas menores. Una de ellas estaba doblada por la mitad y atada a mi cadera. Llevaba dos en la mano izquierda y dos en la derecha.

Había muchos tipos de pociones menores en ellas: una poción azul para curar heridas, una poción roja para curar enfermedades, una poción verde para suprimir el dolor y una poción morada para deshacer maldiciones. Sin embargo, todos eran menores, por lo que no sabría qué tan bien funcionaban hasta que los probara. Mientras no estuvieran realmente al final del barril, podía esperar que hicieran algo. Lo sabía por experiencia.

Corrí por el bosque, recogiendo todas las cosas que había preparado para mi viaje y escondido por toda mi casa de los últimos años. No quería dejar atrás ni una sola de las cosas que había recibido de la adivina. Para comer, tenía carne seca. Había “tomado prestados” trozos aquí y allá como regalo de despedida de todos aquellos aldeanos tan amables.

¿Qué, tienes algún problema con eso?

Recogí agua de una fuente en mi cantimplora y la metí en la bolsa.

Sinceramente, me faltaban muchas cosas necesarias para un viaje, pero tuve que renunciar a ellas; después de todo, era demasiado pequeña para llevar mucho peso. También tenía los libros de la adivina.

Luego fui a buscar la pequeña espada rota que había escondido en un agujero al pie de un árbol.

 

¿Por qué me iba? Llámalo un extraño golpe de suerte.

Cada cinco días, me había escondido en el pueblo para reunir información. Sabía por experiencia que siempre se necesita tanta información como sea posible para sobrevivir. Justo ayer, había salido del bosque en uno de esos viajes.

Me había escondido en un lugar de reunión no utilizado y había buscado auras cercanas.

Normalmente no sentiría mucho, pero esta vez no. Cuando escuché, escuché voces… dos hombres.

“Encontré a esa cosa. Hay cierto lugar en el bosque. Te contaré los detalles más tarde, pero ahí es donde ella hizo su pequeño y desagradable nido”.

“Buen trabajo, Tableau. Esa criatura sólo trae desgracias a nuestro pueblo ¿Entendido?”

Tableau era el nombre de papá, pero yo no conocía al otro. Dejé escapar el aliento que había estado conteniendo y me asomé con cuidado por detrás del lugar de reunión para ver. Era… el jefe.

“Por supuesto.” Dijo el hombre al que había llamado papá. “No podemos tener sin-estrellas viviendo entre nosotros. Además, la niña estará con Dios; es lo mejor que puede esperar, de verdad.”

¡No seas estúpido! ¿Seré más feliz si muero? ¡Yo quiero vivir! ¡Puedes arrastrarme hasta Dios pataleando y gritando!

Me molesté, pero respiré profundamente para reprimirlo. Con cuidado, me alejé sin ser vista, recogí todas las cosas que había estado escondiendo y decidí abandonar el pueblo. Había estado preparándome para irme en cualquier momento, simplemente no había encontrado una razón para finalmente cortar los lazos. Tenía miedo de dejar el lugar donde nací, ¿Quién no lo tendría? Pero de ninguna manera iba a dejarme matar aquí.

Lejos del pueblo, en las afueras del bosque, crecía un gran árbol; probablemente era el más grande de todo el bosque. En las raíces había un hueco lo suficientemente grande como para esconder cosas. Metí la mano y agarré mi último objeto: una valiosa espada que había usado para mantenerme a salvo en el bosque. La adivina la había encontrado después de buscar la espada perfecta para mi tamaño.

Todavía era grande para una niña de ocho años, pero no pudo encontrar uno más pequeño. Sin embargo, estaba lo bastante afilada como para servirme. La tomé y corrí muy, muy lejos del pueblo.

Una vez que estuve lo suficientemente lejos como para que apenas pudiera ver las luces del pueblo, me volteé y lo contemplé. El bosque que rodeaba aquel horrible lugar me había tratado bien. Si tan sólo pudiera agradecérselo a la adivina…

Apreté la empuñadura de mi espada, tomando confianza. No. No puedo dejar que esas emociones se desborden.

Me alejé de la ciudad y vi, a lo lejos, la luz de un farol parpadeando en uno de mis antiguos escondites. Me había asegurado unos cuantos lugares para dormir, y habían encontrado el más cercano al pueblo.

Deberé tener más cuidado donde me detengo en el futuro, pensé. Y con eso, empecé a correr.

Nunca más podré volver a esta aldea.

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